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Un vínculo eterno, cuando las células del bebé perviven en el cerebro materno y viceversa

El lazo entre madre e hijo es tan profundo que puede que no nos sorprenda saber que últimos estudios sugieren incluso un vínculo físico mayor, la permanencia de células del bebé en el cerebro de su madre y viceversa. Lo que se conoce como microquimerismo,  la presencia en el cuerpo humano de células procedentes de otros organismos genéticamente distintos. Toma su nombre del ser mitológico Quimera, formado su cuerpo por partes de un león, de una cabra y una serpiente. Este fenómeno todavía desconocido por mucha gente está llamado a revolucionar el funcionamiento y definición de los conceptos clásicos admitidos sobre el sistema inmunitario humano .

chimera

El fenómeno del microquimerismo, es decir, la presencia persistente en un organismo de células genéticamente distintas a las suyas, es bien conocido y parece relacionado con determinadas enfermedades autoinmunes, pero sus razones no están claras.  En el estudio de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU sugiere que una mujer puede tener en sí tanto células de sus hijos como células de su madre, pues el proceso a través de la placenta es inverso.

Dentro del estudio se comprobó que las células masculinas que se encuentran en cerebros de mujeres han estado ahí durante mucho tiempo, incluso décadas. Lo que se ha descubierto ahora es que las células microquiméricas no sólo circulan en la sangre, sino que están incrustadas en el cerebro. Se conocen también como progenitores celulares asociadas al embarazo (PACP), por su origen fetal tienen una gran capacidad de autorenovación y colaboran con las células madre adultas en la función regenerativa del cuerpo de la mujer.

Se ha comprobado que se traspasan a partir de la cuarta semana y que luego la mujer las conserva toda la vida. Este descubrimiento puede tener importantes aplicaciones clínicas porque son células diferentes que conviven.

La razón es que las células se mueven desde la placenta para viajar por todas partes e instalarse en diversos órganos como los pulmones, hígado, corazón, riñones hasta afectar también la composición de músculos y piel. Las posibilidades de este hallazgo son múltiples, desde la regeneración de tejidos a la prevención del cáncer o el tratamiento de enfermedades autoinmunes.

Y en el caso de haber sufrido un aborto este mismo estudio sugiere que parte de sus células se han alojado en el estos mismos órganos maternos dejando un rastro y recuerdo de por vida en la madre. Resulta conmovedor pensar que pese a haber perdido el hijo que esperábamos quede unas cuantas células en nuestro interior que nos acompañarán de por vida.

O en el caso de aquellas personas que logran ser madres de forma natural, como las que lo consiguen a través de algún tratamiento de reproducción asistida, experimentan una simbiosis entre dos seres humanos que comparten un mismo organismo durante los nueve meses que dura el embarazo con efectos post parto a lo largo de varios años. Se establece una coexitencia de células con diferente base genética y distinto ADN. Si será lista la naturaleza, ¿verdad?

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